martes, 29 de diciembre de 2020

Manuel Machado

Manuel Machado Ruiz (Sevilla29 de agosto de 1874Madrid19 de enero de 1947) fue un poeta y dramaturgo español, enmarcado en el modernismo, y hermano de Antonio Machado y del pintor José Machado Ruiz.

Machado y Ruiz, Manuel. Nacido a las dos y media de la madrugada del 29 de agosto de 1874 en el número 20 de la calle de San Pedro Mártir, su infancia transcurrió en el espacio bucólico del Palacio de las Dueñas, donde su familia había alquilado una de las estancias destinadas a particulares. 

Primogénito del matrimonio formado por Ana Ruiz y el folclorista Antonio Machado y ÁlvarezDemófilo, y hermano de Antonio Machado.

Tras la infancia sevillana, en 1883 se trasladó con su familia a Madrid porque al abuelo, Antonio Machado Núñez, le ofrecieron una cátedra en la Universidad Central.

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Machado fue instruido en los modernos métodos pedagógicos y en la moral laica de la Institución Libre de Enseñanza. En este tiempo, escribió sus primeros poemas y compartió con Antonio la atracción por el romancero y el teatro clásico español.

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Manuel Machado junto a su madre Ana, su hermano, su cuñada y sus sobrinas

En 1893, colaboró en el almanaque de Don Quijote, y, junto a Antonio y Enrique Paradas, en la revista La Caricatura, donde escribió poemas, un cuento y la crónica “La semana” junto a su hermano, con el seudónimo de Tablante de Ricamonte. Acudía a la tertulia de Fornos y a la de Eduardo Benot, quien, tras la muerte del padre (1893) y del abuelo (1895) de los Machado, ejerció un tutelaje sobre los jóvenes.

Machado escribió un epílogo para el libro de Paradas Undulaciones (1893) y publicaron en común los poemarios Tristes y alegres (1894), con una contera de Salvador Rueda, y & Versos (1895), cuyas composiciones muestran la influencia de la poesía clásica española (romances, octavas reales, odas), de la posromántica (Campoamor, Bécquer, Núñez de Arce) y del cantar popular andaluz.

En 1895 volvió a Sevilla, a casa de su tío Rafael Ruiz, para acabar el bachillerato e ingresar en la Universidad, donde se licenció en Filosofía y Letras.

Allí escribía esporádicamente en el periódico El Porvenir. De regreso a Madrid, colaboró como secretario de redacción en el Diccionario de ideas afines y elementos de tecnología dirigido por Benot. En marzo de 1899 viajó a París para trabajar como traductor en la editorial Garnier. Allí permaneció hasta diciembre de 1900 (Antonio le siguió unos meses después, y regresó un poco antes), enviando algunas crónicas al diario madrileño El País. Enrique Gómez Carrillo lo introdujo en la vida bohemia y literaria, y conoció los restos del simbolismo y a escritores como Pío Baroja, Laurent Tailhade, Georges Courteline, Ernest Lajeunesse, Constantin Balmont, André Gide, Paul Fort y, sobre todo, al poeta Jean Moréas, que le causó viva impresión, así como un breve encuentro con Oscar Wilde.

Durante los últimos meses, compartió piso con Gómez Carrillo, Rubén Darío y Amado Nervo. Su estancia parisina fue fundamental para su labor poética y en ella concibió su siguiente poemario. A su regreso a Madrid, entró en contacto con otros jóvenes modernistas, encabezados por Villaespesa y, cuando volvió de Francia, por Juan Ramón Jiménez; fue miembro fundador de las revistas Electra Juventud, donde publicó poemas, traducciones, relatos, crónicas y artículos en defensa de la nueva estética.

Su poemario Alma (1902) adaptaba, desde su mismo título, la poética simbolista, con gran intuición y excelente resultado, en un proceso modernista de síntesis creativa con la propia tradición, muy especialmente la popular. Cada poema se convirtió en un crisol cuya ascendencia romántica, parnasiana, simbolista o popular se mezclaba y conjugaba perfectamente. Machado exploró en Alma su interioridad anímica y su identidad lírica a través de distintos procedimientos irracionalistas, símbolos y motivos finiseculares (el malditismo, el dandismo, la decadencia, el orientalismo, la mujer fatal, el primitivismo y el medievalismo, el popularismo, lo onírico, lo fantástico-maravilloso, lo mítico-legendario, el wagnerismo, las fiestas galantes, la commedia del’arte...).

“Antífona”, “Cantares”, “Castilla” o “Felipe IV” se convirtieron en poemas memorables, y “Adelfos”, en todo un himno modernista. El libro, por la cohesión y profundidad de su estructura y significado, es una obra fundamental de la tradición hispánica moderna.

Tras la publicación de Alma, volvió a París y viajó a Bélgica y Londres. Escribió en la prensa periódica madrileña y colaboró en Helios Alma Española, adaptó, con su hermano Antonio y Villaespesa, Hernani de Victor Hugo, y escribió, con José Luis Montoto, la comedia en un acto Amor al vuelo, estrenada en Sevilla en 1904.

En 1905 participó en la crisis de los intelectuales “revisionistas” (protesta contra Echegaray, contra el gobierno de Montero Ríos, suscripción de La Anarquía Literaria), tradujo El Aguilucho de Rostand con Luis de Oteyza (que no se estrenaría hasta 1919) y publicó el poemario Caprichos, libro heterogéneo y de apertura estética tras la primera eclosión modernista, que repitió y superó lo ensayado en Alma y abrió nuevas vías expresivas. Los poemas ganaban en sencillez, levedad y en un tono menor lúdico, al que hacía referencia el título.

En la segunda parte del libro ensayó una poesía espiritualista y de recogimiento interior (“Vísperas”), otra de evocaciones históricas (“Cadencias de cadencias”) y, finalmente, otra prosaica, de la mala vida urbana (“El mal poema”); estas dos últimas secciones dieron lugar posteriormente a sendos libros independientes, y Caprichos sólo alcanzó forma definitiva en 1924. En 1906 apareció en la antología La Corte de los Poetas y publicó La Fiesta Nacional (Rojo y Negro), dedicado “Al maestro Antonio Fuentes”, poema dividido en siete secciones que reflejan las distintas etapas y suertes de una corrida taurina.

Al año siguiente colaboró en Renacimiento —la nueva revista del modernismo triunfante—, publicó una recopilación de su obra hasta el momento, Alma. Museo. Los Cantares, con cubierta y ex-libris de Juan Gris y prólogo de Unamuno. En 1908, firmó la traducción de una antología lírica de Paul Verlaine, aunque parece ser que él sólo tradujo una pequeña parte del libro, y en 1909, tras pasar otra temporada en París trabajando para Garnier y vivir la Semana Trágica en Barcelona —donde había contratado la edición de dos antologías: Trofeos Poesías escogidas—, apareció El mal poema. En este libro —el significado del título es antitético e irónico— rompió desde dentro y críticamente con la poética simbolista y modernista, ensayando una poesía moderna, urbana, prosaica, dialógica e incardinada en la —mala— experiencia vivida, con la que ajustaba cuentas.

Transgredió expectativas tanto éticas —vitales y sociales— como estéticas: mezcló lo alto con lo bajo, lo literario con lo extraliterario, lo “poético” con lo cotidiano, lo elegíaco con lo prosaico, lo serio con lo paródico y lo irónico, el monólogo confesional con la destrucción de su identidad —y de su lenguaje—, lo retórico con lo coloquial, la palabra “pura” con la ajena —plurilingüismo—, lo escrito con lo oral —el argot, la frase hecha, el refrán, el giro conversacional, las muletillas léxicas—, el ritmo noble con la canción callejera, del cante y lo aflamencado, del cuplé y del café-cantante.

Esta excepcional y renovadora vía poética fue recuperada por Jaime Gil de Biedma y por numerosos poetas de los años ochenta, algunos declarados “nietos de Manuel Machado”. El libro sufrirá diversas modificaciones hasta 1924.

El 15 de junio de 1910, se casó con su prima Eulalia Cáceres en Sevilla.

Establecidos en Madrid, participó en la Academia de la Poesía Española. Tres antologías se sucedieron: Alma (Ópera selecta) (1910), Trofeos (1911) y Poesías escogidas (1913). En 1911, dio a la imprenta Apolo. Teatro pictórico, colección de veinticinco sonetos que son transposición de diversas pinturas de la historia del arte, desde el Beato Angélico a John Singer Sargent, aunque la mejor representada es la escuela española —Zurbarán, El Greco, Velázquez, Murillo y Goya—. Al año siguiente apareció Cante hondo. Cantares, canciones y coplas, compuestas al estilo popular de Andalucía, que tuvo una segunda edición, “corregida y aumentada”, en 1916. Con ambos libros huyó Machado del descarnado enfrentamiento consigo mismo de El mal poema, refugiándose en una poesía de prestigio cultural y folclórico que ya había practicado antes, donde el yo lírico no se problematizaba, y que fue muy bien recibida.


En 1913, aprobó las oposiciones al Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos y fue destinado a la biblioteca universitaria de Santiago de Compostela, aunque logró su traslado a Madrid, donde trabajó en la Biblioteca Nacional y en el Archivo Municipal del Ayuntamiento.

Ese año apareció El Amor y la Muerte (Capítulos de novela), donde recopiló diversos relatos, y La guerra literaria (1898-1914), colección de crónicas y reseñas periodísticas encabezada por dos conferencias: “Los poetas de hoy” y “Génesis de un libro” (Apolo). Entre las “obras del autor” se anunciaba una traducción inédita de Los bandidos de Schiller y dos proyectos teatrales: Villamediana El Poema del Cid.


Durante la Primera Guerra Mundial escribió a favor de los aliados y se adhirió al manifiesto de la Liga Antigermanófila. En 1915, vio la luz Canciones y dedicatorias, recopilación con numerosos poemas de circunstancias. Al año siguiente fue contratado como crítico teatral en El Liberal, donde escribió, además, una columna de comentario político y social. Parte de estas crónicas fueron recopiladas en Día por día de mi calendario. Memorándum de la vida española en 1918 —en realidad, sólo su primer semestre— y Un año de teatro (Ensayos de crítica dramática), ambos de 1918, como su poemario Sevilla y otros poemas, todavía más inorgánico y circunstancial que el anterior.

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  Edificio de la calle Churruca de Madrid en el que vivió Manuel Machado, desde 1919 hasta su muerte.

Tras la guerra fue enviado unos meses como corresponsal a París, y en 1919 participó en la fundación de La Libertad, diario de orientación socialista, donde fue cronista de actualidad, teatro y libros. En 1921 publicó Ars moriendi, libro confesional, de renunciamiento, expresión depurada y elegante tono elegíaco y meditativo, donde resurgía como auténtico poeta, que tuvo un caluroso recibimiento tanto por parte de la crítica más prestigiosa como de los jóvenes poetas.

En la editorial Mundo Latino se recopiló su poesía completa en cinco volúmenes entre 1922 y 1924, año en que la Editora Internacional también publicó sus Poesías (Opera omnia lirica).


En 1925, pasó a desempeñar el cargo de director de Investigaciones Históricas del Ayuntamiento, Biblioteca y Museo Municipal de Madrid, y escribió artículos eruditos, principalmente sobre Lope de Vega, en la Revista de la Biblioteca, Archivo y Museo. Tras la “retirada” de la poesía, pasó unos años de dedicación al teatro, en que, junto a Antonio Machado y José López, refundieron y estrenaron El condenado por desconfiado (1924) de Tirso de Molina, Hay verdades que en amor (1925), La niña de plata (1926) y El perro del hortelano (1931) de Lope de Vega, o Hernani (1925) de Victor Hugo.

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Permanecieron sin representar sus adaptaciones de El príncipe constante de Calderón de la Barca y La viuda valenciana de Lope de Vega. La buena acogida animó a los Machado a escribir obras originales, que fueron estrenadas con éxito: Desdichas de la fortuna o Julianillo Valcárcel (1926), Juan de Mañara (1927), Las adelfas (1928), La Lola se va a los puertos (1929), La prima Fernanda (Escenas del viejo régimen) (1931) —sátira del caos y la corrupción de los últimos días de la dictadura de Primo de Rivera—, y La duquesa de Benamejí (1932), que fueron editadas repetidas veces. Quedaron inéditas, sin terminar o en proyecto, La diosa razón, El loco amor Las tardes de la Moncloa o Las brujas de Don Francisco.

Machado compuso un “Himno rural a la República Española”, que fue musicado por Óscar Esplá y estrenado en el Ateneo de Madrid en abril de 1931.

Al año siguiente Gerardo Diego lo incluyó en su Antología de la nueva poesía española, lo que supuso el reconocimiento por parte de la “joven literatura”. En 1934, firmó un manifiesto de intelectuales “Contra el terror nazi”, y poco después Manuel Altolaguirre lo convenció para que recopilase las composiciones dispersas que había ido publicando en la prensa. El resultado fue Phoenix. Nuevas canciones (1936). El comienzo de la Guerra Civil le sorprendió en Burgos, visitando a la hermana de su mujer, y ya no pudo regresar a Madrid. Acusado de desafecto y republicano, fue encarcelado y, como consecuencia, se declaró entusiasta del “alzamiento” y se puso al servicio de la Oficina de Prensa y Propaganda del Estado franquista.

Fue elegido miembro de la Real Academia Española y en 1938 leyó su discurso de ingreso, Semipoesía y posibilidad, sobre su propia obra. El mismo año, Horas de oro. Devocionario poético, recogía las nuevas composiciones, propagandísticas y religiosas, junto a otras ya conocidas, pero reinterpretadas en el nuevo contexto de forma tradicionalista. Al conocer la muerte de su hermano, pidió permiso para viajar a Francia; en Collioure encontró también muerta a su madre.

Acabada la guerra, volvió a Madrid y recuperó su puesto de funcionario. Se editó su Poesía (Opera Omnia Lyrica) en 1940. Al año siguiente se estrenó El hombre que murió en la guerra, escrita con Antonio antes de la contienda civil. Los poemas que había compuesto en ese tiempo, la mayoría de circunstancias, se recogieron en Cadencias de cadencias (Nuevas dedicatorias), de 1943. Al año siguiente estrenó El Pilar de la Victoria, poema lírico-religioso en dos actos, con música de Pablo Luna y Julio Gómez.

Murió el 19 de enero de 1947, a los setenta y dos años, debido a una bronconeumonía crónica. En febrero se estrenó su adaptación de La malcasada de Lope de Vega, que acabó Pemán, y vio la luz Horario. Poemas religiosos, recopilación de composiciones ya conocidas. – Fuente>>

En este vídeo podemos ver una secuencia del NODO 312 en que se recoge la salida del féretro de Manuel Machado desde el edificio de La Real academia de la Lengua Española. Presidiendo el duelo aparece la figura de Francisco Machado, el más pequeño de los hermanos Machado que también residía en Madrid. “Cante Jondo”, la canción interpretada por la Argentinita , es una grabación original de comienzos de 1928, sobre letra de Manuel Machado y música de Font de Anta.


El legado, en Burgos

Manuel Machado falleció en Madrid en 1947. A su muerte, su viuda legó todo su patrimonio a sus dos mejores amigos: Bonifacio Zamora y José María Zugazaga, ambos burgaleses. Poco antes de que Eulalia ingresara en una congregación religiosa de la capital condal donde pasaría el resto de sus días, se puso en contacto con Bonifacio Zamora para hacerle llegar el legado de su querido Manuel. Por expreso deseo del autor, decenas de documentos, libros, cartas y expedientes de su etapa como crítico teatral llegaron al Burgos de finales de los años 40. En aquel momento Manuel era considerado uno de los mejores poetas del siglo XX, mientras que su hermano había sido borrado del mapa de las letras.

José María Zugazaga, por aquel entonces académico de la Fernán González, se encargó de poner a buen recaudo las más de 600 cartas y alrededor de 1.600 libros de la biblioteca personal de don Manuel.

“Muchos de los libros estaban dedicados por sus amigos y había obras de Unamuno, Pio Baroja o Valle Inclán”, recuerda González. Todos los documentos reposan en la actualidad en el fondo machadiano más completo de todos los tiempos, que también acoge obras pictóricas de Julio de Torres, un busto del autor obra de Emiliano Barral y hasta la máscara funeraria del escritor. “Aquí lo conservamos todo”, explica González mientras señala uno de los cuadros que Manuel tenía en su casa de la calle Churruca de Madrid. En él aparecen los hermanos Machado junto a Primo de Rivera durante el estreno de ‘La Lola se va a los Puertos’. La imagen se tomó en noviembre de 1927 en el hotel Rice de la capital española. – Fuente>>


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